Casla en la Villa y Tierra de Sepúlveda

Igual que la hermosa ciudad de Segovia se encuentra cercada por los serenos y plácidos ríos Eresma y Clamores, la Villa y Tierra de Sepúlveda es una comarca ubicada entre dos ríos, en este caso, el Duratón y el Caslilla, que ofrecen paisajes muy bellos a lo largo de su recorrido por la provincia segoviana.

En la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda se sitúa el municipio de Casla, uno de los más antiguos de esta comarca. Es en el piedemonte de la Sierra de Somosierra donde Casla desarrolla su extensión geográfica; Somosierra es uno de los puntos que comunica las provincias de Segovia y Madrid, quedando además muy próxima a otras sierras del Sistema Central, como Guadarrama o Ayllón.

Los paisajes de Casla y de la Villa y Tierra de Sepúlveda pueden llegar a ser muy atractivos para propios y extraños. Sus escenarios propician actividades como el senderismo; en la comarca es posible pasar en un instante de un llano a un cerro vertiginoso, pasando antes por un afluente del Duero como el Duratón o por el surco del Caslilla, que como el Guadiana tiende a secarse durante algunas épocas del año.

La comarca, con capital en la localidad de Sepúlveda, cuenta con un total de 39 municipios, aunque algunos de ellos albergan a otras poblaciones y pedanías (este es el caso, por ejemplo, de Santo Tomé del Puerto, que comprende los términos de Siguero, Sigueruelo, Villarejo, La Rades del Puerto y Rosuero).

La Historia cuenta cómo en la Edad Media la Comunidad de la Villa y Tierra de Sepúlveda se dividió en ocho ochavos, es decir, ocho zonas geográficas regidas cada una por un procurador de Tierra. Casla se incluyó en el ochavo de Prádena, junto a pueblos como Tanarro, Santa María del Cerro, Sigueruelo, Prádena, Condado de Castilnovo, Castroserna de Abajo, Castroserna de Arriba, Ventosilla y Tejadilla, Perorrubio y Valleruela de Sepúlveda.

El consumidor frente a las fechas de caducidad

Bien es sabido que las fechas de caducidad de los productos y alimentos que los consumidores adquieren cada día pueden llegar a generar cierta confusión. La situación no está del todo clara y las fechas de consumo preferente y de caducidad definitiva tienden a confundirse. Por su faltara poco para el enredo total del consumidor, en muchas ocasiones resulta que las fechas que aparecen impresas no son del todo correctas.

Todos conocemos casos de gente que trabaja en empresas de alimentos y que cuentan los entresijos de funcionamiento, es decir, casos en los que vuelven a la compañía alimentos presuntamente cumplidos, a los que no se les tributa otro tratamiento que el simple cambio de fecha de caducidad en la tapa o envase; de ello se deriva que el alimento o no iba quedar maltrecho después de esa o no está ahora apto para el consumo al haber rebasado el límite que se fijaba en primera instancia.

Todo es confuso en este tema y son muchos los intereses económicos que entran en juego. A veces no se sabe si el fabricante está indicando al consumidor que la fecha definitiva impresa se refiere al momento en que el producto deja de ser óptimo o al instante en que ya no se puede consumir bajo ningún concepto porque podría ser perjudicial para el organismo humano.

Para más inri, la terrible crisis económica y la pobreza creciente de la ciudadanía se enfrenta a tener que tirar alimentos en buen estado con motivo del siempre peliagudo tema de las fechas de caducidad.

Consumidor, ojo, que no te tomen el pelo. Además, hay productos que siempre estarán en buen estado hasta que los consumas y que, por tanto, no tienen caducidad; este es el caso de la miel, la sal, el vinagre blanco, el arroz, el extracto de vainilla puro, la harina de maíz, las legumbres, el azúcar, el café instantáneo, el sirope de arce o los licores fuertes.

Los héroes de la columna minera de Riotinto

La Guerra Civil acababa de estallar. Eran días de incertidumbre, de miedo, de golpistas en las calles. En Sevilla, el general en jefe de los sublevados, Gonzalo Queipo de Llano, había logrado situar a sus tropas en el control de la ciudad. La represión fue absoluta, los asesinatos sin piedad se sucedieron en las calles de la capital hispalense.

Ante este nuevo escenario cruel y despiadado, en la cuenca minera de Riotinto –situada en Huelva pero colindante con la provincia de Sevilla-, zona rebelde y contestataria por antonomasia, un grupo de combatientes fue reuniéndose en torno a la idea de presentarse en Sevilla para intentar responder a la sublevación militar. La dinamita de la que disponían los mineros era uno de los ejes que impulsaba a la columna a intentar la hazaña en pro de la libertad, la justicia y la República.

El enclave de La Palma del Condado, municipio de Huelva, debía servir a los mineros como punto de reunión con guardias civiles y de asalto al servicio de la República. El comandante a cargo de este grupo era el comandante Gregorio Haro Lumbreras, quien a la postre decidió traicionar al Gobierno legítimo y a sus cuadros de mando y pasarse a las filas de los sublevados.

En este escenario de mineros heroicos contra golpistas que tenían tomada Sevilla y que contaba con el traidor de Haro Lumbreras, el desenlace de los acontecimientos fue hórrido y luctuoso. Fue una emboscada en La Pañoleta, junto al municipio de Camas, a las afueras de la capital sevillana, la que cambió, quién sabe, el curso de la Historia. Los guardias ametrallaron a los mineros, la dinamita que éstos traían explotó y muchos murieron y otros fueron condenados a muerte en un juicio sin ninguna garantía.

Fueron 250 hombres valientes y heroicos que se lanzaron a defender la República con 5 automóviles, 14 camiones y 250 kilos de dinamita. La Historia está obligada a recordarlos siempre.

Kylie Minogue incendió las pistas de baile

Kylie Minogue ya era toda una estrella de la música en todo el mundo, pero fue allá por el otoño de 2001 cuando un huracán sónico sacudió el planeta y la catapultó hasta lo más alto del firmamento musical. Nos estamos refiriendo a la publicación de “Fever”, el que se convirtió en el octavo álbum de estudio –y en el más importante de todos- de la artista australiana.

Toda una figura de la música pop planetaria decidió sumergirse descaradamente y sin prejuicios en lo más profundo y ameno de estilos netamente electrónicos, como el dance, el electropop, el house, el disco o el synthpop. Minogue logró confeccionar un disco muy personal en el que el dance conseguía incendiar las pistas de baile de muy diversas latitudes del planeta.

Eso sí, otro de los secretos del éxito de “Fever” fue la combinación perfecta que derivó del cariz sensual y sexy de la artista, de su sugerente y clara voz y de la energía y el vibrante ritmo dance que venía impreso en el disco.

“Fever” contó con electrizantes y pegadizos singles, como fueron “Your disco needs you” e “In your eyes”. Pero la auténtica revolución, no solo en la carrera de Kylie Minogue sino en todo el panorama de la música internacional, vino de la mano del sencillo “Can´t get you out of my head”. Y sí, haciendo un juego de palabras con el título del tema, durante meses ninguno pudimos sacarnos de la cabeza aquella melodía pegajosa y de ritmo vertiginoso.

El estribillo fácil y ágil de “Can´t get you out of my head”–repetía las sílabas “La, la la”- terminó por conquistar al mundo. Fueron días en los que todos bailamos en las pistas de baile al ritmo de la gran Kylie Minogue e intentamos imitar aquellos golpes de cadera y aquella coreografía vitalista de la artista australiana.

La narrativa cinéfila de Manuel Puig

Entre sus libros encontramos títulos que a buen seguro sonarán al lector más exquisito y empedernido, como por ejemplo “La traición de Rita Hayworth”, “Pubis angelical” o “Boquitas pintadas”. Y es que Manuel Puig tenía la habilidad de escribir y de contar historias con un sello más que personal.

Su narrativa estaba bañada por un toque fílmico, por una pretensión cinematográfica. Leer a Manuel Puig, escritor argentino que falleció en el año 1990, era como ver una película en esa pantalla que no es grande, sino de papel y con tinta impresa. En sus novelas se entrelazaban elementos propios del cine, de la literatura y del imaginario de la cultura popular latinoamericana.

El lenguaje que empleaba era desenfadado, a veces coloquial; su irrupción en el panorama literario argentino supuso una bocanada de aire fresco. Todos los lectores entendían el discurso de Puig merced a una sencillez léxica que le valía como artimaña para colar, de forma más suave y digerible, discursos más que complejos.

Pero entre las obras del autor tal vez destaca una sobre el resto. Nos estamos refiriendo a “El beso de la mujer araña”. El lenguaje cinematográfico vuelve a ser la firma de Manuel Puig en sus páginas. Las paredes de una cárcel asisten en esta novela al entendimiento y la amistad que se va forjando entre un preso político, subversivo, rebelde y revolucionario –Valentín- y otro preso encerrado por su homosexualidad –Molina-.

Los diálogos entre ambos personajes son por lo general excelsos. Es una novela con ramalazos teatrales –está contada únicamente por los testimonios en primera persona de los dos protagonistas- y con un motor cinematográfico en lo que al ritmo se refiere. La represión que ambos sufren y la falta de libertad y de amor en la cárcel quedan suplidas por las historias de películas con las que el tierno y entrañable Molina entretiene al noble y justiciero Valentín.